Un estudio reciente sobre el ecosistema PyME en México revela una brecha que merece atención: el 44% de las pequeñas y medianas empresas ya ha experimentado con alguna herramienta de inteligencia artificial —ChatGPT, Copilot, Gemini— pero solo el 19% la usa de forma sistemática en al menos un proceso. Y apenas el 5.8% la tiene integrada en sus operaciones centrales.
Esto no es un problema de acceso ni de costo. Es un problema de estrategia.
Cuando un empresario abre ChatGPT para redactar un correo o generar una idea, está explorando. Cuando diseña un flujo de trabajo donde esa herramienta recibe datos, procesa información y entrega resultados de manera recurrente, está construyendo. Son dos estados muy distintos, y el segundo es el que genera ventaja competitiva real.
En Guadalajara, el ecosistema ya está en movimiento. Desde distribuidoras de materiales de construcción que automatizaron cotizaciones y recuperaron su inversión en dos meses, hasta agencias que incrementaron su capacidad productiva en 60% sin contratar personal adicional. La tecnología no sustituyó equipos; los multiplicó.
El punto de inflexión para una empresa no está en adoptar la herramienta más sofisticada del mercado. Está en identificar qué procesos repetitivos, medibles y críticos pueden ser delegados o asistidos por tecnología, y construir ese flujo con criterio.
Desde la perspectiva de la consultoría integral que ejercemos en Grupo LGO, vemos un patrón claro: las empresas que mejor aprovechan la tecnología son las que antes ordenaron sus procesos internos. No al revés. La tecnología amplifica lo que ya funciona; no repara lo que está roto.
Si estás en ese momento donde la tecnología parece una obligación pero no sabes por dónde empezar, la pregunta correcta no es “¿qué herramienta uso?”, sino “¿qué proceso quiero mejorar primero?”
De ahí parte una estrategia de digitalización que dura.
— Edgar Mizhraim Lugo García | Socio Grupo LGO contacto@lgo.mx | 33 1876 1361
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