México vive, en este mes de mayo de 2026, una convergencia de condiciones que pocas veces se presenta de forma simultánea. El Gobierno Federal anunció un paquete de decretos bajo el Plan México diseñado para simplificar trámites, reforzar la certeza jurídica y acelerar tanto la inversión nacional como la extranjera. Al mismo tiempo, el país se prepara para formalizar un acuerdo comercial con la Unión Europea e inicia conversaciones formales para revisar el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá. Misiones comerciales a China e India completan el panorama antes de que concluya el mes.
Son señales estructurales, no coyunturales.
Y sin embargo, la más reciente encuesta del Banco de México revela una paradoja que vale la pena nombrar: el 46 por ciento de los empresarios en México confía en que su negocio crecerá este año —incluso el 29 por ciento anticipa crecimiento de doble dígito—, pero solo cuatro de cada diez considera que este es buen momento para invertir.
Hay convicción sobre el destino, pero vacilación frente al paso.
Ese espacio entre la confianza y la acción es, precisamente, donde se construye la diferencia entre los negocios que capitalizan un ciclo económico y los que lo observan desde afuera.
Aprovechar estas ventanas no es solo cuestión de ánimo o de liquidez. Requiere estructura legal clara, situación fiscal en orden y una estrategia que traduzca las oportunidades del entorno en decisiones ejecutables dentro de la empresa. El empresario que llega preparado a la apertura no improvisa: ya resolvió los problemas internos antes de que se abriera la puerta.
¿Tu empresa está en condiciones de aprovechar el momento que se construye en México?
— Edgar Mizhraim Lugo García | Socio Grupo LGO contacto@lgo.mx | 33 1876 1361
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