México concentra hoy una oportunidad de relocalización productiva estimada en 79,000 millones de dólares. Empresas como Tesla, BMW y Lenovo han expandido operaciones en el país, y el flujo sigue creciendo gracias al T-MEC y a la búsqueda de cadenas de suministro más cortas y confiables. La Secretaría de Economía estima que el nearshoring generará más de 500,000 empleos adicionales en manufactura entre 2025 y 2028.
Para el empresario jalisciense, la pregunta ya no es si esta ola llegará. Es si su empresa está en condiciones de aprovecharla. Las grandes manufactureras necesitan proveedores locales Tier 2 y Tier 3: empresas de logística, mantenimiento, servicios industriales, tecnología y servicios profesionales. La demanda existe. El espacio también.
Pero entrar a una cadena de suministro global no es solo cuestión de capacidad operativa. Las multinacionales hacen due diligence. Exigen documentación ordenada, cumplimiento fiscal vigente, estructura societaria clara y contratos bien redactados. Una empresa con talento y producto, pero sin orden interno, queda fuera antes de que la negociación comience.
La estructura no es un requisito burocrático: es lo que distingue a una empresa que opera de una empresa que escala. Régimen fiscal adecuado, contratos de operación claros, cumplimiento ante el Servicio de Administración Tributaria y un esquema societario que inspire confianza a cualquier contraparte. Eso es lo que abre puertas.
En nuestra práctica hemos acompañado a empresarios jaliscienses que querían sumarse a esta ola. Lo que más los frena no es falta de capacidad: es falta de estructura. Eso se puede resolver, pero requiere anticiparse. No hay tiempo de ponerse al corriente cuando ya hay una oportunidad sobre la mesa.
Guadalajara consolida su posición como hub de inversión. El siguiente paso es que más empresas locales estén listas para participar.