El fenómeno del nearshoring dejó de ser una conversación de cámaras empresariales para convertirse en infraestructura real. México opera hoy más de 477 parques industriales y tiene otros 103 en construcción distribuidos en 14 estados. La demanda de proveedores locales, servicios profesionales y logística crece con cada planta que llega al país.
Este julio arranca además la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá. El proceso endurece las reglas de origen y el control de triangulación de mercancías. Para muchas empresas, esto representa una presión adicional; para las que ya operan con estructura formal y cumplimiento documentado, representa una ventana de acceso a cadenas de valor que antes estaban fuera de su alcance.
La oportunidad es concreta, pero la preparación lo es igualmente. Las empresas que logran integrarse a cadenas de valor globales son las que tienen contratos claros, cumplimiento fiscal al día y estructura corporativa sólida. Sin eso, el capital no llega aunque el interés exista.
El Plan México contempla reducir de 2.6 años a uno el tiempo total para materializar una inversión en el país. El entorno mejora. La pregunta que vale la pena hacerse hoy es: si llegara una empresa extranjera buscando un proveedor en Jalisco, ¿qué encontraría al revisar la tuya?
El nearshoring no es solo una oportunidad para las grandes corporaciones. Es una invitación para que el empresario local ordene su casa y entre a competir en otra liga.