La pregunta ya no es si aplicará. La pregunta es si tu empresa está en condiciones de cumplir cuando llegue cada etapa.

El decreto establece una reducción gradual: 46 horas semanales a partir del 1 de enero de 2027, 44 horas en 2028, 42 en 2029 y 40 horas en 2030. En ningún caso la reducción implica disminución de salarios ni de prestaciones. Eso está explícitamente prohibido en el texto legal.

Pero hay una obligación que entra en vigor de inmediato y que muchos empleadores están ignorando: el registro electrónico de la jornada. El artículo 132 de la Ley Federal del Trabajo, reformado, obliga a los patrones a llevar un control electrónico del inicio y fin de la jornada de cada trabajador, disponible para la Secretaría del Trabajo y Previsión Social cuando lo requiera. No tenerlo es una infracción susceptible de inspección y multa hoy, no en 2030.

En Jalisco, donde más de un millón 600 mil personas trabajan actualmente más de 41 horas a la semana, el impacto práctico será significativo. Las empresas que hoy tienen estructuras de turno construidas sobre 48 horas semanales tendrán que rediseñar sus modelos operativos antes de que arranque cada etapa de la transición.

Lo que en mi experiencia se subestima más es el costo de adaptación en contratos colectivos e individuales, en el recálculo de horas extraordinarias y en la reorganización de funciones. No basta con saber que la jornada bajará. Hay que documentarlo, comunicarlo y alinearlo con la nómina desde hoy.

La ley ya existe. El tiempo para revisar contratos, actualizar políticas internas y preparar sistemas de control es ahora.